Colocá la leche en una olla grande y agregale la leche en polvo. Mezclá bien hasta disolver completamente.
Calentá la mezcla a fuego bajo hasta que alcance entre 32°C y 35°C. Si no tenés termómetro, tocá el costado de la olla: debe estar tibio, no caliente.
Retirá del fuego y agregá el cuajo diluido en 2 cucharadas de agua fría. Mezclá apenas unos segundos y tapá la olla.
Dejá reposar sin mover durante 40 a 60 minutos hasta que la leche cuaje completamente. Vas a notar que se forma una masa firme, similar a un flan.
Cortá la cuajada con un cuchillo limpio haciendo cortes verticales y horizontales para formar cubos pequeños.
Con una cuchara grande o espumadera, remové suavemente para que los cubos vayan soltando suero. Dejá reposar 10 minutos más.
Colocá un colador grande sobre un recipiente y forralo con el paño de algodón. Verté la mezcla y dejá escurrir bien durante al menos 4 horas.
Una vez que el suero escurrió, uní los bordes del paño y presioná suavemente para compactar el queso. También podés colocarle peso encima para que tome forma firme.
Pasá el queso a un recipiente limpio, agregale la sal fina por los bordes y tapalo. Guardalo en heladera por al menos 12 horas antes de consumir.
Cortá en fetas y disfrutalo en tostadas, sandwiches o como más te guste.
Consejos:
Podés usar leche entera para un resultado más cremoso.
Si no conseguís cuajo, se puede hacer con limón o vinagre, pero no tendrá la misma textura firme.
El paño debe ser de algodón fino y estar bien limpio. Si no tenés, podés usar una gasa doble.
Este queso se conserva en heladera hasta 5 días, envuelto en film o en un tupper.
Un clásico artesanal que podés disfrutar cada vez que quieras, hecho 100% por vos.