Desde el principio, el país estuvo dividido. Para algunos, Marianne encarnaba el dolor de una madre privada de justicia que vengaba a su hija. Para otros, abrió la peligrosa puerta a la justicia privada. El debate se volvió nacional.
En 1983, tras dos años de proceso, se dictó el veredicto. Marianne fue declarada culpable de homicidio involuntario y posesión ilegal de arma de fuego. Fue condenada a seis años de prisión, pero solo cumplió tres antes de ser puesta en libertad.
Las encuestas de la época mostraron que la opinión pública estaba profundamente dividida: algunos consideraban que el castigo era demasiado severo, otros demasiado indulgente.
Entre el dolor y la premeditación