Aunque las interpretaciones simbólicas son convincentes, a menudo hay factores fisiológicos en juego:
El ciclo de sueño se aligera naturalmente hacia la madrugada, lo que hace que los despertares sean más probables.
El cortisol comienza a subir alrededor de las 3 o 4 de la madrugada, preparando el cuerpo para despertar.
La ansiedad, el estrés o la depresión pueden manifestarse como insomnio matutino.
La ERGE, la apnea del sueño, los cambios hormonales o el dolor también pueden alterar el sueño a esta hora.
Un patrón constante de despertar temprano, especialmente si va acompañado de un estado de ánimo bajo o fatiga durante el día, debe consultarse con un profesional sanitario.