Cómo conservar los tomates ¡Lo aprendí y cambio todo!

Tomates maduros pero firmes, sin golpes

Frascos de vidrio con tapa metálica (tipo conserva)

Agua caliente (para esterilizar y hervir los frascos)

Preparación
Elegí tomates que estén bien maduros pero que aún mantengan su forma. Evitá los que tengan partes blandas o estén muy blandos.

Lavá los tomates con abundante agua para eliminar cualquier resto de tierra. Secalos muy bien con un repasador limpio.

Retirá el cabito o resto del tallo. No los peles ni los cortes, van enteros al frasco.

Esterilizá los frascos de vidrio hirviéndolos durante 10 minutos o llevándolos al horno (a 120 °C por 15 minutos). Hacé lo mismo con las tapas.

Colocá los tomates dentro de los frascos, acomodándolos bien para que entre la mayor cantidad posible. Dejá solo un pequeño espacio libre arriba.

Cerrá los frascos con sus tapas de forma hermética.

En una olla grande, colocá un repasador en el fondo (para que los frascos no se golpeen) y agregá agua caliente hasta cubrirlos por completo.

Llevá a hervor y cociná los frascos durante 40 a 60 minutos. Este paso es clave para que se genere el vacío.

Retirá los frascos del agua y ponelos boca abajo sobre un repasador seco. Dejalos enfriar por completo sin moverlos.

Una vez fríos, verificá que las tapas estén bien selladas (no deben hacer “clic”). Guardalos en un lugar seco, fresco y oscuro.

Consejos de cocina

No llenes los frascos hasta el borde: dejá siempre 1 o 2 cm de espacio.

No uses frascos agrietados ni tapas oxidadas.

Podés agregar una hoja de laurel o albahaca para dar aroma, aunque no es necesario.

Etiquetá cada frasco con la fecha para llevar el control de tiempo.

Este método clásico es ideal para quienes compran tomates por cajón o tienen huerta.

Te permite ahorrar, evitar desperdicios y tener sabor de verano en cualquier momento del año.

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