Considerada durante mucho tiempo como una ayuda para adelgazar gracias a su alto contenido en agua y bajo contenido calórico, la sandía está volviendo con fuerza a las mesas en cuanto sube el termómetro. Sin embargo, estudios recientes advierten: esta fruta dulce y de sabor inocente puede provocar aumentos rápidos de los niveles de azúcar en sangre, a veces más pronunciados que los causados por el propio azúcar blanco.
¿Por qué? Porque contiene muy poca fibra y casi nada de grasa o proteína, componentes que suelen ralentizar la absorción del azúcar. Como resultado, una vez en la boca, sus azúcares (glucosa + fructosa) se absorben a gran velocidad, provocando un rápido aumento metabólico, especialmente en personas mayores de 50 años o con sensibilidad a la insulina.
Un índice glucémico sorprendente
El índice glucémico (IG) de la sandía oscila entre 72 y 80, según la variedad, lo que la sitúa entre las frutas con mayor IG. A modo de comparación: una manzana tiene un IG de 38, una fresa de 41 y el azúcar blanco, de alrededor de 65.
¿En concreto? Una porción de 150 g de sandía consumida en ayunas puede provocar un aumento de azúcar en sangre mayor que 50 g de azúcar puro. Y un pico rápido también implica una bajada repentina, lo que resulta en fatiga, sensación de hambre y antojos de azúcar… El famoso “efecto yo-yo” del que podríamos prescindir.
Cómo disfrutarlo sin arruinar tu nivel de azúcar en sangre